Spain is different

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Manifestación en Madrid contra los recortes / alosguantazos.blogspot.com
A usted, que está en la pantalla leyendo, le voy a solicitar permiso para que hoy, aprovechando que voy a hablar de cambios, me permita cambiar la manera de contar de cosas. Hace unos días tuve un encuentro con un amigo que hacía varios años que había salido del país. Se encontraba realizando unos estudios fuera y acaba de regresar temporalmente. Tras tomar un café y hablar durante horas de nuestras vivencias, abordamos la situación actual de España y ambos coincidimos en que, después de sintonizar la televisión, abrir las páginas de un periódico o escuchar una emisora de radio, obtienes una conclusión clara: España está cambiando. 

No hace mucho tiempo, las manifestaciones estaban prohibidísimas en España. Eran momentos oscuros, donde el régimen autoritario franquista reprimía cualquier atisbo de libertad de expresión. La llegada de la democracia a finales de los 70, trajo consigo un cambio político que generó multitud de protestas ciudadanas: la gente había experimentado la libertad y no se atrevía a soltarla. Aunque después, cuando la democracia se asentó, todo se calmó y el español medio no volvió a salir a la calle, salvo en contadísimas excepciones. Ahora todo ha cambiado. 

Cualquier persona que abandonara el país hace una década y regrese ahora le sucedería algo parecido a lo que contaba este amigo mío: reconocería poco de lo que dejó atrás. Diariamente podemos ver a cientos de personas haciendo suya la calle como nunca antes se había visto en España. El espíritu del español calmado y aborregado se está esfumando. A las manifestaciones diarias masivas en todos los rincones del país, se unen banqueros pidiendo perdón, políticos reduciendo su sueldo e incluso hasta el Rey ha realizado un acto sin precedentes bajándose su asignación y la de la Casa Real. Muchos cambios. Minúsculos, pero cambios al final y al cabo que eran impensables hace años. Todos, consecuencia de la crisis, ese fenómeno que se estudiará en los libros de historia de las próximas décadas como el acontecimiento que cambió la historia reciente del mundo. Si embargo aún no hemos visto ni la cuarta parte de la metamorfosis que experimentará el orden mundial. 

Aunque si había alguna característica innata en los españoles, esa era la de criticar en la barra del bar. Absolutamente todos los españoles ejercen a diario de seleccionador nacional de fútbol, de magistrado, de diputado e incluso de presidente del Gobierno. Siempre se le ha achacado al español que sea tan ácido en petit comité y luego no canalice sus reclamaciones a través de los cauces que permite la ley. Bien, eso también es historia y dice mucho de esta generación de ciudadanos. El hastío generalizado, los brutales recortes a los que estamos siendo sometidos, la falta de empleo, el empobrecimiento social, la falta de expectativas laborales y, en resumen, la decadencia vital en la que los españoles estamos en estos momentos enfrascados, ha sido la chispa que ha encendido la llama. Una llama que está contagiando a millones de mechas repartidas por todo el territorio nacional que sienten igual y buscan un cambio verdadero. Los españoles ya no utilizan el bar para expresar sus críticas, se lanzan a la calle, cortan el tráfico y protestan públicamente por los atropellos que están sufriendo. 

La sociedad española no es la misma que hace diez o veinte años. Entonces, circunstancialmente también se lanzaba a la calle pero es la coyuntura actual la que la está dotando de una herramienta de presión que está obligando a la rectificación de los poderes públicos. No es casualidad que el presidente de los jueces haya dimitido, ni que la Casa Real y los miembros del Gobierno se bajen el sueldo. No lo es tampoco que directivos de Novagalicia pidan públicamente perdón por sus malas prácticas financieras o que la diputada Andrea Fabra rectifique por su “que se jodan” en el Congreso. Nada de eso sucede por azar. Todo obedece a una presión social sin precedentes. 

¿Es suficiente? Probablemente no. Pero todo ello demuestra un importante avance de la sociedad. Mucho se ha escrito y hablado sobre el letargo que sufría la sociedad española. Si esto ha sido así antes, ahora ya no lo es. La gestión de la crisis que está realizando el Ejecutivo de Mariano Rajoy ha conseguido espolear a miles de personas que observan cómo se destruye el bienestar que han conocido debido a prácticas pseudo mafiosas de las élites. Mineros, funcionarios, parados, trabajadores o estudiantes han despertado del aburguesamiento generalizado mostrado públicamente su “no” a las medidas que organismos internacionales con escasa legitimidad democrática están imponiendo a los ciudadanos. 

Lo conseguido hasta ahora es una muestra de la presión social que se está generando en el país pero aún es insuficiente para la gran parte de la población. Mariano Rajoy ha tenido la cuestionable habilidad de convertir al Gobierno de España en el enemigo que todos quieren batir. Bien es sabido que, con un enemigo identificado, todo es más fácil. Por eso, el nivel de escrutinio que la población está ejerciendo sobre la actividad del Ejecutivo es insólita y las redes sociales están favoreciendo la organización y la canalización de protestas comunes que tienen siempre el mismo protagonista. 

Siendo riguroso, la crisis está generando millones de antisistemas que son todos los que están cansados del sistema político, económico y social actual y reclaman una remodelación profunda de las bases democráticas. La gente ahora está opinando y participando en política cuando hace escasos años pocos se interesaban en ella. La población está más atenta que nunca a las acciones de sus representantes. La sociedad en la que vivimos es la más activa en décadas. Entonces, surge la duda: pese a los incipientes cambios ¿se conseguirá transformar el sistema? Eso está aún por escribir. Lo que yo cuento aquí es que, ahora sí, podemos decir sin temor a equivocarnos que Spain is different.
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Bosones en extinción

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El descubrimiento de la “partícula de Dios”, también conocida como bosón de Higgs, ha corrido como la pólvora y se ha hecho eco en todo el mundo en cuestión de horas. En todos los rincones del planeta durante unos días se ha roto el discurso económico y se está hablando del que será-si se confirma- el hallazgo científico más importante en décadas que aparece en un momento idóneo, cuando el vendaval de los planes de austeridad están tambaleando los pilares de la investigación científica. 

Aún es pronto para conocer el detalle del descubrimiento. Falta averiguar más sobre los resultados del hallazgo. A partir de ahí, comenzará el desarrollo de todo un paradigma que supondrá un nuevo reto de la ciencia. Eso forma parte de la ciencia ficción. La realidad es que, con los medios de los que se disponen, en 2012 se ha podido encontrar la causa que explica la existencia de masa en los cuerpos del universo, un acontecimiento que se registrará en los libros de historia de los próximos años. 

Más allá de los vítores y celebraciones contenidas, el hallazgo llega en un momento crucial. El avanzado desarrollo tecnológico y científico alcanzado hasta la fecha se contrapone con unos hechos irrefutables: la inversión en ciencia está bajo mínimos, especialmente en España. La contención que están imponiendo los estados europeos está suponiendo un importante sacrificio para la mayoría de los sectores económicos pero la voluntad política de los mandatarios puede dirimir si lo que sufre la ciencia es un parón temporal o un batacazo irreversible. 

En España, como viene siendo habitual, somos campeones olímpicos en pérdida de competitividad. Mientras países como Alemania, Francia o Estados Unidos incrementan ligeramente sus partidas dedicadas a la investigación, el gobierno de austeridad presidido por Mariano Rajoy ha cercenado para el año en curso un 25% del presupuesto destinado a la investigación científica, amparada bajo las siglas I+D+I. Con las cifras de inversión actuales -6.400 millones de euros- el gobierno español desde 2009 –antes socialista, ahora popular- ha recortado un 35% el presupuesto dedicado a I+D+I. 

Frente a esta situación, los científicos españoles responden de dos formas. Los que pueden, abandonan el país por la falta de incentivos y buscan experiencias en las grandes potencias europeas o en Estados Unidos. Una huida de cerebros que provoca una ingente pérdida intelectual, de conocimiento y riqueza. Los osados que permanecen, intentan avanzar en investigación con un presupuesto ínfimo a la vez que se organizan para denunciar la situación aunque con escasas esperanzas de mejoras. La carta abierta a favor de la ciencia es el mejor ejemplo, aglutina a casi 27.400 firmas pero no ha tenido respuesta del Ejecutivo. 

España representa actualmente uno de los principales lugares de castigo de los científicos. Si en el siglo XVI, combatía el progreso con el azote de las hogueras, quinientos años después, el castigo se inflige con recortes presupuestarios que indudablemente tendrán consecuencias en el desarrollo futuro. Tecnologías, vacunas o curas para algunas enfermedades están sufriendo un retroceso definitivo en su implantación para los próximos años. 

En mitad de este volcán en erupción, aparece un bosón, una micropartícula que se está transformando en la gran esperanza para la comunidad científica. El hallazgo es la mejor respuesta que puede ofrecer la comunidad científica a los ataques al presupuesto y se traduce en la constatación de que la ciencia supone una inversión paciente aunque segura. El descubrimiento cuenta, además, con una importante repercusión social, un estímulo que la comunidad científica necesita para convertir este avance en un punto de inflexión en la inversión en I+D+I. 

Ahora, cuando la ciencia ocupa portadas por sus descubrimientos y comienza el carrusel de elogios por los logros conseguidos, es el momento ideal para que la comunidad científica exija voluntad política para la ciencia. El bosón de Higgs ha generado una nueva coyuntura que debe convertirse en el motor de la recuperación del compromiso para potenciar en los próximos años la investigación y el desarrollo a través del incremento gradual de sus partidas presupuestarias. De lo contrario, bien haríamos en despedirnos de los bosones porque este tipo de avances científicos entrarían en un verdadero peligro de extinción.
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Piel de cordero

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Todavía resuenan en el panorama internacional y nacional los ecos de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. Este primer asalto se ha saldado con la victoria del socialismo y el triunfo de la extrema derecha, porque, pese a ganar el socialista Hollande, el partido de la derecha radical, el Frente Nacional de Marine Le Pen, obtuvo la extraordinaria cifra de 6,4 millones de votos. La hija del histórico Juan María (o Jean-Marie) contabilizó tan solo 600.000 votos menos que el Partido Socialista de Rubalcaba en las últimas elecciones generales de 2011. 

Tras las elecciones francesas, han saltado las alarmas por el avance de la ultraderecha en Europa. Al caso francés se suma el avance experimentado por estas fuerzas en países como Holanda, Dinamarca, Finlandia y otros tantos de Centroeuropa. El incremento de partidos autoritarios y xenófobos es preocupante porque ofrece una realidad más cercana a una sociedad del siglo XIX más que del XXI. Pero más peligrosos que las fuerzas de ultraderecha son los partidos conservadores europeos que, bajo la fachada centrista y moderada, asumen líneas programáticas de la extrema derecha para engrosar su lista de votantes. 

Estos son los piel de cordero. Aquellos que en campaña electoral parecen inofensivos pero cuando alcanza el poder se transforman, abren la tijera y cercenan cualquier atisbo que huele a equidad. Los mismos que, con el cetro en mano, no esconden su intención de cumplir unas cifras de déficit impuestas pese a quien pese y sin importar el coste humano que supone. En España los piel de cordero han llegado y se han instalado cómodamente en el poder. 

Son los mismos que propugnaban la igualdad y la libertad a los cuatro vientos semanas antes de las votaciones, los que ahora adoptan un ideario más parecido al Frente Nacional Le Peniano que a un partido de centro derecha. Para muestra, un botón. En el programa político de Le Pen se aboga, entre sus múltiples principios, por un estado fuerte, alejado de localismos y regionalismos. Casualmente, en los últimos meses el gobierno de España está restando competencias a las soberanías de las autonomías mientras se está reforzando la administración central. Curioso. 

Pero hay más, mucho más. Quizás aún no se haya percatado de ello. No se preocupe, no es su responsabilidad, los piel de cordero actúan de forma sibilina, casi de soslayo. No suelen manifestar en público sus verdaderas intenciones. Aunque a veces, por exceso de confianza, lo hacen. Es entonces cuando el ciudadano se percata y se pregunta si no se equivocaría de papeleta en las elecciones. 

La criminalización de los inmigrantes ha sido la última nueva de los piel de cordero. Señalar a los irregulares como culpables del excesivo gasto sanitario y retirarles la tarjeta sanitaria es un guiño más que evidente a su electorado de extrema derecha. Máxime cuando las cifras no encajan y desde el Gobierno se conoce que el grueso del déficit sanitario corresponde al turismo sanitario comunitario procedente de las grandes naciones europeas, mientras el coste por la atención sanitaria a inmigrantes irregulares es mínima. Pero había que buscar una cabeza de tuco. 

Los piel de cordero han movido ficha. Han contentado a sus radicales. Ahora volverán a su apariencia centrista durante algún tiempo. Pero reincidirán y de nuevo abordarán su programa oculto. Los partidos de extrema derecha tienen muchos inconvenientes pero cuentan con una gran ventaja: enarbolan su bandera y se reconocen fácilmente. En cambio, los piel de cordero se camuflan entre la masa. Usted ya los conoce. Por eso, siga atando cabos y desentrañando pistas porque probablemente se sorprenderá de las intenciones de aquellos que, en los últimos comicios, fueron alzados por más de diez millones de votos.
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Gobiernos S.A

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Hace poco que mundialmente ha saltado la noticia: la filial de Repsol va a ser expropiada por el gobierno de Argentina. Y las reacciones no se han hecho esperar. Al principio, cuando era un secreto (a voces) la vicepresidenta Sáenz de Santamaría y el titular de Industria, Cristóbal Soria no sabían si debían enemistarse del todo con Argentina. De ahí el anuncio de que anunciarían medidas. 

Cuando el secreto dejó de serlo y el gobierno argentino anunció oficialmente su intención de nacionalizar YPF, es cuando se han desatado todo tipo de acusaciones cruzadas. Muy hábil fue la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner al describir la forma que tomaba la caída de inversiones de la filial petrolera como una “trompa de elefante”. No se pudo decir más con menos. La Casa Real está presente, sin quererlo, hasta en los conflictos diplomáticos. Después le tocó el turno al ministro de Exteriores. García Margallo habló de que “Argentina se había dado un tiro en el pie”. Toda una metáfora. 

 Más allá de los dimes y diretes de los ejecutivos de España y Argentina, asombra ver la reacción del Gobierno en lo que ya se califica como conflicto diplomático. Los principales miembros del Ejecutivo español se han rasgado las vestiduras con el anuncio de la presidenta Fernández de Kirchner en una llamada al orgullo patrio que recuerda a los primeros colonizadores, con la diferencia de que las espadas se han convertido en barriles de petróleo. Pero más sorprendente es que los principales órganos europeos y estadounidenses han arropado a España y sus intereses. 

La Comisión Europea y el FMI han criticado el peligro de la actuación socialista de Kirchner. Curioso lo que importa ahora una empresa ¿española?, sobre todo cuando desde hace meses ambas instituciones sólo hacen cuestionar la política española, desconfiar de su economía e impulsar la depresión económica a través de recortes. Hay una pregunta que flota en el ambiente. Al menos, yo la he percibido. ¿Por qué esa respuesta tan feroz por parte del gobierno español y los organismos internacionales? ¿Es acaso Repsol una compañía estatal? O mejor dicho, ¿es acaso YPF una compañía española? Los expertos y eruditos salen en manada argumentando el peso que tiene Repsol y su filial en la economía española enarbolando la bandera española sin reflexionar sobre sus conclusiones. Voy a recordar, sucintamente, algunos datos para desmemoriados e indagadores. 

Hasta el momento, Repsol controlaba algo más del 57% de YPF, la filial petrolera que opera en Argentina. Pero sigamos la máxima de perseguir la senda del dinero para comprobar quién es el jefe del cotarro. El accionariado mayoritario de Repsol (68%) está bajo el paraguas del Free Float, es decir, el capital flotante que forma parte de las acciones que participan en bolsa. El 42% de estas acciones están en manos de instituciones extranjeras. Pero esto no es todo. Casi el 10% del capital estable de la compañía está en manos de PEMEX, a la sazón, Petroleros Mexicanos. 

Volvamos ahora a plantear la pregunta. ¿Es YPF española? No. Lo que queda del Repsol español es la marca. Máxime cuando la propia compañía reconoce que opera en diferentes offshores, el eufemismo que las empresas neoliberales han acuñado para definir sus actividades en paraísos fiscales en los que evitan trabas legales, medioambientales y, por supuesto, impositivas. La ‘españolitis’ se queda sin argumentos para justificar la defensa a ultranza de YPF. 

Aunque hay un denominador común que comparte el Gobierno español con los organismos internacionales. Precisamente la presión que ejercen los inversores, en este caso de Repsol, que observan cómo sus acciones se devalúan y pierden su influencia en la filial argentina. No nos engañemos, es la razón económica la que alienta los fantasmas del pasado y sitúa la actuación socialista de Kirchner en el ojo del huracán. Pérdidas económicas y socialismo, los dos tabús de los inversores capitalistas, se han unido en torno a YPF, de ahí que la maquinaria del establishment se haya puesto a funcionar a marchas forzadas. 

En tiempos de crisis, es cotidiano apelar al orgullo y a lo patrio para fortalecer el decaído espíritu del español de a pie. Pero es lamentable que estos comportamientos lo insuflen nuestros representantes políticos y las instituciones reguladoras de la vida cotidiana de millones de personas. Más allá de los motivos que han llevado a la nacionalización de YPF –entre los que se encuentran la caída de inversión en la compañía y sus efectos económicos, laborales y medioambientales - las empresas no deben gozar de los derechos de los ciudadanos. Por tanto, un gobierno democrático y legítimo no debe lanzarse a una cruzada para defender unos intereses que no son los de su pueblo soberano, sino los de una elite económica, eso sí, que tiene más peso e influencia que toda la masa de ciudadanos. Ya lo resume la sabiduría popular: no es cuestión de cantidad, sino de calidad.
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Vivir de pie, pese a la crisis

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Recortes, crisis, flexibilización laboral, paro... Son las palabras más repetidas a lo largo de los últimos meses que copan páginas y minutos de periódicos e informativos. Una saturación que está generando un estado de pesimismo colectivo que provoca hastío y depresión. Frente a ello, las movilizaciones y las acciones de protestas se convierten en un vehículo donde los protagonistas serán los primeros en adaptarse a los nuevos cambios.

Llevamos casi cuatro años imersos en esta nueva realidad que todos denominamos crisis económica. A lo largo de todo este tiempo, las hemerotecas se han llenado de portadas, imágenes y archivos a través de los cuales podemos seguir perfectamente la evolución de la situación en España y en el Mundo. Si hacemos un rápido barrido por ellas, observaremos cómo las noticias son un calco y repiten los mismos esquemas informativos.

Pero si algo ha provocado la crisis ha sido un estímulo negativo en todas los receptores. Estamos en la Sociedad de la Información, un momento de innovación y revolución asombrosa en el ámbito de la comunicación. Internet y las redes sociales han transformado al completo el concepto y las teorías de la comunicación tal y como las conocíamos. O quizás no tanto.

Situémonos en los años 20 cuando el profesor Harold Laswell comienza a estudiar los efectos de los medios de comunicación de masas en la población, sobre todo, la radio y el cine. De ellos, se extrajo la célebre Teoría de la Aguja Hipodérmica, que no es más que la constatación de que los medios de comunicación tienen una extraordinaria influencia en los individuos. Tal es así, que existen unas élites, llamémosle poder, que "inyectan" directamente un mensaje a través de los medios de comunicación entre los ciudadanos, que lo asumen sin discutirlo.

Año 2012. El paradigma comunicativo es radicalmente distinto. Las nuevas tecnologías, las webs 2 y 3.0, los blogs, Twitter, Facebook, Youtube y las miles de páginas webs que existen permiten que, en la actualidad, el mensaje se matice, se cuestione y hasta se niegue. Actualmente, el mensaje no se inyecta de forma directa, sino que existen muchos otros filtros. Pero, ¿y sus efectos?

Podemos decir que las informaciones de los medios de comunicación se matizan e incluso que nuevas herramientas como Twitter, permite obtener información a través de distintas fuentes, sin beber directamente de los grandes medios de comunicación de masas.  Pero la Teoría de la Aguja Hipodérmica es perfectamente extrapolable a la actualidad en cuanto a sus efectos.

Cieñ años después, las repercusiones de los medios de comunicación tradicionales son inmensas. Su agenda, marca los temas de conversación diarios entre la población y sus preocupaciones. Para muestra, un botón, el último barómetro del CIS indica que la mayor preocupación de los españoles es, en este orden, el paro, los problemas económicos, la clase política y la corrupción. Los cuatro temas que copan actualmente la información nacional de todos los medios de comunicación.

El verdadero problema de esta situación radica en las limitaciones que provocan los medios con las reiteradas informaciones sobre la crisis y los problemas económicos. El bombardeo informativo al que el espectador está siendo sometido lo está sumiendo en una suerte de pesimismo antropológico que provoca cansancio, hastío, abatimiento, depresión e incluso, suicidio. El incremento en el número de muertes y suicidios en los últimos años, ¿está causado sólo por la mala situación económica? ¿O por las pocas expectativas de mejora que se poseen en función de la realidad que están conociendo a través de los medios? 

El debate no versa sobre informar o no de la actualidad. La información veraz es necesaria para conocer la realidad y adaptarse a ella. Sin embargo, los medios de comunicación no muestran una alternativa a la actual realidad. Millones de personas sufren en España los problemas derivados de la crisis económica y están informándose constantemente de las posibles cambios en su situación. Pero, ¿qué más?

Se echa en falta un compromiso por parte de las administraciones y las grandes corporaciones mediáticas para mejorar las posibilidades de salida y para impulsar el ánimo colectivo. Si la reiteración acerca de los problemas que asolan el mundo pueden provocar un estado de ánimo depresivo a nivel global, la introducción en la agenda diaria de líneas informativas diferentes que abren nuevas posibilidades y salidas profesionales, podrían generar el efecto contrario: una inyección de positividad colectiva. 

¿Es casualidad que los mayores índices de felicidad recaigan en ciudadanos de países emergentes? ¿Sorprende saber que España se sitúa en los últimos puestos de la clasificación mundial en cuanto a felicidad de los ciudadanos? Si la crisis es contagiosa, sus efectos lo son aún más. Históricamente, la humanidad se ha adaptado a todas las revoluciones. Actualmente, los acontecimientos se suceden a un ritmo vertiginoso y el cambio es constante. Como ya postuló Darwin en El Origen de las Especies, aquellos que mejor se adapten a los cambios, sobrevivirán. Dos siglos después, la teoría continúa viva. 

Sin embargo, el pesimismo colectivo en el que los países occidentales están sumidos ha adoptado un vehículo mediante el que se está transformando: la lucha por el cambio. La crisis está despertando del largo letargo en el que millones de personas vivían. El miedo a perderlo todo ha provocado que se pierda el miedo al cambio y las ciudades están acogiendo de forma habitual manifestaciones, concentraciones y protestas de jubilados, trabajadores y jóvenes estudiantes reclamando una mejora en las condiciones vitales. Aquellos que transforman el pesimismo en indignación y acción se están situando a la vanguardia de la evolución, están siendo protagonistas de una alternativa a la situación actual. El mundo es el que es, pero la forma de vivirlo es optativa. Y, actualmente hay dos: aceptarlo y formar parte de la realidad desoladora o armar el intelecto y cambiar tu modo de vida. ¿Con cuál te quedas?
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La ‘ley antitabaco’ convierte a España en uno de los países más restrictivos del mundo

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El 2011 ha comenzado con una excelente noticia para los no fumadores: la aplicación desde el 2 de enero de la famosa ‘Ley Antitabaco’, a la que se le tacha de ser una de las más restrictivas del mundo. Desde los sectores opositores al Gobierno, califican de doble moral la actuación del Ejecutivo que, por un lado sube los impuestos del tabaco mientras, por el otro, aplica una ley para reducir el número de adictos al tabaco. Sea como fuere, lo que es cierto es que hacía falta una ley de esas características. España se incorpora – en esta materia – al carro de las mayores potencias mundiales.

El 2011 comienza dando un fuerte impulso a la política de Salud Pública de España. Desde el 2 de enero, está prácticamente prohibido fumar en todos los lugares cerrados e incluso en algunos al aire libre destinados a niños o enfermos. Con esta medida España se convierte en uno de los países más restrictivos con el tabaco, superando a Irlanda o Gran Bretaña donde está prohibido fumar en los lugares públicos pero no en aquellos al aire libre. Cinco años han pasado para que el Ejecutivo de Zapatero, el mismo que aprobó la anterior ley antitabaco, se diera cuenta de que la ley anterior había sido infructuosa.

En 2006, el Gobierno socialista aprobó una 'ley antitabaco' que algunos medios calificaron como “la más dura contra el tabaco”. Pero lo cierto es que sólo era un primer paso para censurar al cigarrillo y dejaba multitud de espacios para el humo. De hecho, sólo obligaba a los hosteleros a decidir qué tipo de público querían mantener (fumador o no fumador) o, en los casos de los locales de más de 100 metros cuadrados, acondicionar salas separadas físicamente para fumadores y no fumadores.

El resultado, la mayoría de los locales apostaron por tener un público fumador y no adaptaron sus instalaciones. La ley no había conseguido los efectos deseados en el público: dejar de fumar. Con esta legislación, España se incorporó al grupo de países como Alemania, Dinamarca, Austria o Bélgica, que ofrecían una protección parcial a los no fumadores. Un pequeño paso, pero aún no suficiente.

Por eso, en 2010, la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, anunció una modificación de la ley existente contra el tabaquismo. La nueva propuesta suponía un importante cambio cualitativo al prohibir fumar en la inmensa mayoría de espacios públicos cerrados –sólo Irlanda, Reino Unido y Chipre tienen en Europa esta legislación-. Una importante modificación que, rápidamente provocó multitud de críticas, sobre todo de la hostelería.

El Instituto de Estudios Económicos augura que la nueva ley dejará sin trabajo a entre 50.000 y 140.000 empleados y sus ventas registrarán una caída del 10%, unos datos que toman como referencia los países antes citados, donde la ley antitabaco es total. Según los hosteleros, el 24% de los bares y el 8,7% de los restaurantes cerraron sus puertas en Irlanda tras la aplicación de la ley, mientras que en Gran Bretaña los cierres de los pubs superaron el 7%. Algunos grupos políticos –PP y Grupo Mixto- quisieron suavizar la norma al presentar enmiendas que permitían ‘zonas de fumadores’ en los espacios de restauración cerrados (una propuesta de la propia Federación Española de Hostería), pero fueron rechazadas en la tramitación final de la ley.

El Gobierno considera que las pérdidas que estima el sector hostelero no serán tales porque se trata de una medida igualitaria para todos los locales. Al contrario de lo que ocurría en 2006, ahora no existirán lugares que acojan a los fumadores por lo que es presumible que, de producirse pérdidas, sólo sean de forma coyuntural, hasta que el nuevo hábito sin tabaco se generalice en todos los sectores de población. No obstante, los locales que adaptaron sus instalaciones en 2006 con la nueva normativa, no recuperarán el importe de sus inversiones porque según Concepción Sanz, portavoz socialista en el Congreso, "es casi imposible saber quiénes hicieron las obras y cuantificarlas". En cualquier caso, el Gobierno ha querido paliar la hipotética caída de ventas manteniendo la venta –aunque no el consumo- de tabaco en bares y restaurantes.

¿PERSECUCIÓN A LOS FUMADORES?

El ejecutivo se ha dado prisa en atribuir que la justificación de la normativa radica en la necesidad de luchar contra el tabaquismo y proteger a los no fumadores. La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria calcula que tres millones de fumadores intentarán dejar el hábito en los cuatro primeros meses del años. La ministra de Sanidad y Política Social, Leire Pajín, ha explicado que la nueva ley “no prohíbe fumar a los fumadores” sino que está encaminada a proteger a los que no fuman en España, "un 70% de la población", porcentaje que espera que crezca.

DOBLE MORAL

Hace justo un mes, el Consejo de Ministros aprobó un incremento de los impuestos al tabaco del 24%, el segundo en poco más de un año, con el fin de recaudar unos 780 millones más al año. Unas cifras calculadas con el nivel actual de consumo que podría descender en este año si tiene efecto la nueva norma antitabaco. Por eso, la subida de impuestos responde más a una necesidad de reducción de déficit que a un plan de control y reducción del tabaquismo.

El gobierno por un lado pretende gravar al sector tabacalero porque con ello obtiene más de 9.000 millones de euros anuales pero fomenta leyes restrictivas en esta materia, en la línea de un gobierno protector de las garantías y libertades sociales. Por eso, desde los sectores opositores califican que es una estrategia de doble moral la que sigue el Ejecutivo de Zapatero en relación al tabaco.

Fuentes
El País

El Mundo 1 y 2

Federación Española de Hostelería

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