La SER, líder en vender humo

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La Cadena SER ha hecho una cobertura extraordinaria de la situación de tres de sus periodistas enviados a El Aaiún. Tanto, que los periodistas se han convertido en noticia, por encima, de las víctimas y el conflicto entre Marruecos y El Sahara. La moda informativa del conflicto está pasando de una forma extremadamente rápida, que hace cuestionarse ¿qué le ocurre a los medios para que se estén cansando tan pronto de este tema?

El Gobierno de Marruecos ha elevado a trece las víctimas mortales ocasionadas por los enfrentamientos entre las fuerzas marroquíes y los ciudadanos saharauis (11 policías y 2 civiles saharauis) mientras la Oficina del Ministerio de Territorios Ocupados de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) ha cifrado en más de 4.500 los heridos y más de 2.000 los detenidos tras el desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik en El Aaiún. Sin embargo, todas estas cifras hay que mantenerlas bajo cautela debido al bloqueo informativo que mantiene el Gobierno sobre El Aaiún, capital del Sahara occidental.

Este bloqueo se ha traducido hasta el momento en un impedimento para la entrada de cualquier periodista no marroquí y la retirada de acreditaciones y expulsión de aquellos que habían conseguido entrar en la zona. No obstante, según informa la Cadena SER, existe un periodista francés de Le Monde en la región.

La SER, empresa que se autoproclama adalid de la investigación y de la información (su lema lo evidencia, ‘Pase lo que pase’), no podía perder la ocasión de intentar entrar en El Aaiún para dar su visión de los hechos, pese al reiterado bloqueo informativo que se ha impuesto a todos los medios.

De este modo, un equipo de tres periodistas encabezado por Angels Barceló, directora del espacio ‘Hora 25’, consiguieron llegar hasta El Aaiún. Según la propia periodista, tomaron un vuelo desde Las Palmas a Nuadibú (Mauritania) y allí cruzaron la frontera con el Sahara Occidental. Luego, a bordo de 5 vehículos diferentes atravesaron el desierto, pasando por “innumerables controles policiales”, hasta entrar en la capital del Sahara occidental.

Los periodistas, según la emisora, notificaron al Ministerio de Comunicaciones marroquí su presencia en el país porque querían conocer su versión de los hechos. Y esperaron en el hotel –siempre según la emisora- hasta que llegaron dos policías vestidos de paisano y los llevaron a comisaría. Una vez allí, les retiraron los pasaportes y decretaron su expulsión acusándoles de "delitos muy graves", como el de haber entrado en el país "de forma ilegal". Después de toda la noche en comisaría, por la tarde del viernes 12 de noviembre, los periodistas llegaron a Las Palmas.

Barceló aseguró que “hay que seguir intentando entrar en el país” pero dio un tirón de orejas a su propia emisora al afirmar que “los periodistas no deben ser los protagonistas de la noticia”. Barceló sabe que la SER ha vendido su presencia en el Sahara como una aventura, desplazando a la información real sobre lo que sucede allí. 

La palabra correcta es “vender” porque, basándose en expresiones como “la SER ha roto el bloqueo informativo del Sahara”, la emisora ha otorgado una categoría de veracidad y relevancia pública a un hecho que no la tiene. Los periodistas han podido entrar pero no han conseguido informar de lo que ocurre en El Aaiún, por lo tanto, no se puede considerar roto ningún bloqueo. 

Es más, la propia emisora parece que era consciente de ello antes de la partida de los periodistas. La presencia de la directora de un espacio importante de la cadena como enviada especial, alerta a los oyentes de que la SER conocía que las autoridades marroquíes decretarían la expulsión de los periodistas en poco tiempo. Si no, no se explica la presencia de Barceló en El Aaiún, tomando como referencia otros hechos de igual o mayor magnitud (el terremoto de Haití, por ejemplo, donde el enviado especial fue Nicolás Castellano).

Por todas estas razones, parece que la SER ha estado más interesada en vender una película que en informar de lo que realmente sucede en el Sahara. Con todo ello ha conseguido un indudable respaldo de los oyentes, que se han identificado con los periodistas, y se he vuelto a proclamar como la emisora que ha conseguido entrar en una zona cercada. Pero, ¿dónde queda el compromiso del informador de contar lo que sucede? Ahí, la SER ha fracasado por completo.

Cesa el interés por el conflicto.

Desde que se conoció la llegada de los periodistas a territorio saharaui, la SER ha centrado casi exclusivamente sus informaciones en las vivencias del equipo de Barceló, dejando a un lado el conflicto entre las autoridades y los saharauis. Pero esta situación se está repitiendo en el resto de medios donde se ha podido observar una caída del interés informativo sobre el conflicto. Este asunto ha dejado de ser portada de los principales medios de comunicación sólo cinco días después de su estallido. 

La imposibilidad de contrastar datos es un aspecto muy a tener en cuenta en el cese del interés informativo. Sin embargo, este debería ser un aliciente más para intentar desentrañar lo que está ocurriendo en la zona. Sobre todo, para denunciar el tratamiento de las libertades que está haciendo un país que es socio de la Unión Europea y Estados Unidos en cuestiones comerciales y geopolíticas.
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Sahara, guerra entre la indiferencia de los estados

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Marruecos desaloja el campamento de Gdem Izik asentado en territorio saharaui como forma de presión para la autodeterminación del territorio. Las fuerzas de Rabat asedian el campamento y la batalla se salda, según el Gobierno marroquí, con cinco policías y un saharaui muerto. La comunidad internacional no condena el ataque.

El conflicto entre Marruecos y el Sahara ha saltado a la palestra informativa, como viene siendo habitual, por los desagraciados incidentes ocurridos. El ejército marroquí ha desmantelado el campamento de Gdem Izik, también denominado, ‘Campamento Dignidad’, donde unos 20.000 saharauis reclamaban el cumplimiento de derechos básicos como la vivienda, la salud o el trabajo. 


Según los principales medios, el ejército marroquí inició un asalto al campamento por la fuerza, obligando a su desalojo obligatorio. Rápidamente, las reacciones se desencadenaron en El Aaiún, capital del Sáhara occidental. Los enfrentamientos entre los saharauis y las fuerzas marroquíes se prolongaron durante casi toda la noche de ayer y se saldaron con un balance de víctimas difuso. El Gobierno de Rabat habla de seis fallecidos – cinco policías y un saharaui- y decenas de heridas mientras que el Frente Polisario, el movimiento independentista del Sahara, habla de 11 muertos saharauis, 723 heridos y 159 desaparecidos.



Tras 35 años de conflictos en la zona, el desalojo del campamento no es casual. Marruecos lo ha ordenado coincidiendo con unas negociaciones informales que se iban a producir en Nueva York entre representantes de Rabat y del Frente Polisario para avanzar en el diálogo sobre el conflicto. Los incidentes no han hecho más que recrudecer las posturas y constreñir las conversaciones a los acontecimientos que se van sucediendo. De hecho, el ministro de Exteriores saharaui, Mohamed Uld Salek, había asegurado horas antes que las negociaciones con Marruecos "no pueden avanzar en circunstancias tan graves”. La reunión se ha producido pero es previsible que no habrá conclusiones que permitan avanzar en el conflicto. 

Sin embargo, es alarmante la reacción de la comunidad internacional. Ni la Unión Europea, ni Estados Unidos y, sólo y tibiamente la ONU, ha lamentado los hechos. El portavoz de la ONU, Martin Nesirky ha dicho que es especialmente desafortunado que los incidentes ocurran en este momento y ha abogado por la contención en ambos bandos. La ministra de Exteriores de España, Trinidad Jiménez, también se ha mostrado excesivamente cauta en sus declaraciones y evitó una valoración de los hechos aludiendo a la “confusión de lo ocurrido”.

Pero, ¿por qué tantas cautelas cuando ha habido víctimas por ambos bandos? Según los estados porque no se conoce con seguridad qué ha ocurrido, entre otras cosas, porque Marruecos no permite el paso a la prensa. Pero, en términos históricos, no es nuevo el trato de favor que la comunidad internacional mantiene hacia Marruecos. Principalmente, con Francia y Estados Unidos, dos de las principales potencias en la Unión Europea y la ONU. 

Son muchos los intereses que mantienen los estados con Marruecos, lo que parece haber impedido una condena formal y una intervención en el asunto. En primer lugar se sitúan los económicos. Francia y Estados Unidos poseen un alto interés en los fosfatos marroquíes y las reservas de petróleo que existen bajo el territorio del Sahara. De hecho, a finales de 2001, Marruecos otorgó permisos de exploración a dos compañías, la francesa ‘Total Fina Elf’ y la norteamericana ‘Kerr McGee’ para que iniciaran los trabajos en territorio saharaui, que abandonarían posteriormente después de cartografiar los recursos y vender los mapas a otra compañía estadounidense, Kosmos Energy, que manifestó su intención de construir un pozo petrolífero en terreno del Sahara. Aparte de esto, la costa saharaui tiene un importante caladero que sirve de materia prima para barcos de muchos estados, entre ellos, los de las dos potencias. 

Pero también existen intereses geoestratégicos. La alianza entre el reino de Mohamed VI y Estados Unidos y Francia convierte a Marruecos un buen contenedor de las expansiones fundamentalistas islámicas hacia Occidente y en un privilegiado aliado de las dos potencias en un territorio estratégico. 

Por su parte, España mantiene multitud de intereses con Marruecos entre los que destacan los acuerdos de pesca, las fronteras de Ceuta y Melilla y la inmigración. España fue el que, literalmente, entregó el Sahara a Marruecos y Mauritania y, posteriormente, siempre ha actuado con mucha prudencia y sin inmiscuirse demasiado en los asuntos que afectaban al territorio. Ahora tampoco lo hace a sabiendas de que un empeoramiento de las relaciones con el reino alaulí provocaría un aumento de la crispación social en las ciudades autónomas, una postura más radical en relación con la pesca y podría acarrear un aumento de inmigrantes indocumentados. 

A tenor de los datos, la Historia muestra que el Sahara nunca ha interesado a la comunidad internacional, salvo por sus recursos. La ONU tiene desplegada la misión Minurso en el territorio para intentar apaciguar los ánimos. Además, sus resoluciones (muchas no vinculantes) no han sido respetadas por Marruecos porque siempre ha contado con el respaldo de Estados Unidos y Francia, dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Ahora, la situación se repite y las reacciones parecen no variar. México ha iniciado conversaciones para que el Consejo de Seguridad lleve a cabo una investigación sobre lo que está sucediendo, pero es presumible que no supondrá ninguna acción por parte del organismo. Ante todo esto, ¿es descabellado el levantamiento saharaui?



Fuentes:

El País 1 y 2

Público

Europa Press

Cadena SER

La República.es

La clase.info

Gara
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