De golpes y porrazos

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 Rabia. Desesperanza. Frustración. Represión. Odio. Sentimientos encontrados que se concentraron a las puertas de delegaciones de gobierno, parlamentos regionales y el Congreso de los Diputados. El 25S llegó y pasó como un huracán llevándose con él las pocas esperanzas de solucionar la ruptura entre sociedad y política de forma pacífica y consensuada. El día después es aún más desolador. 

El 25S pasará a la Historia pero no en el sentido que buscaban sus organizadores. No se han producido dimisiones, ni se han proclamado elecciones; tampoco se ha abierto un proceso constituyente. El 25S se recogerá en algunos libros de historia, sí, pero como el día en el que se comprobó que en España la política y la sociedad ya no se dan la mano, si es que alguna vez lo hicieron. 

Muchos critican que el espíritu del 15M que impregnó la convocatoria al principio, pareció asustarse del cordón de antidisturbios y se diluía conforme sonaban sirenas y se agitaban porras. Sin embargo, el 25S no era el 15M. Ni las circunstancias eran las mismas ni la conducta de las autoridades contuvo la suficiente sensatez que se presumen a los gobernantes. Al cubo de la realidad española desde 2011 le han surgido nuevas aristas que lo están transformando en una figura amorfa e indescriptible que nadie reconoce cuando lo sitúan frente al espejo. 

Durante el 25S se revelaron algunas de esas nuevas fallas. Anteriormente ya habíamos visto a miles de manifestantes en las calles solicitando una democracia mejor. También habíamos escuchado pedir la dimisión de políticos. Pero se introdujo un factor nuevo: rodear por primera vez el Congreso, símbolo de la soberanía nacional y de la representación de todos los españoles. ¿Por qué? La respuesta es sencilla, cuando la desesperación hace mella, la cabeza busca culpables y la sociedad los ha encontrado en el interior del Congreso. 

Si la movilización social cambia sus formas, aún más lo hace la respuesta de las autoridades, otrora caracterizada por un talante más conciliador. Sin embargo, bajo el pretexto de asegurar el orden institucional, el Estado cumplió con el deber de salvaguardar sus instituciones pero descuidó un aspecto más importante, la protección de sus propios ciudadanos. 

Después de ver decenas de vídeos y cientos de fotografías, las sospechas se disparan: policías camuflados boicoteando la manifestación, antidisturbios sin identificar, manifestantes exaltados, policías agredidos, y todo ello, a cientos de metros de un Congreso que en ningún momento sufrió peligro alguno de ser asaltado. Ante esta algarabía –esto sí que lo es y no el independentismo catalán- sólo cabe preguntarse, ¿qué pretende el Gobierno? 

Tras el espectáculo de fuerza bruta demostrado, esconderse detrás de una actuación policial "magnífica" no hace sino acuciar los problemas, tensar más los ánimos y aumentar la fractura que actualmente está experimentando la sociedad. Si la respuesta policial del 25S estuvo fuera de lugar, las reacciones políticas no son del nivel de un país que se considera democrático. Una respuesta política acorde con las circunstancias, depurando responsabilidades cuando se hace necesario, es el primer paso para afrontar el declive que el país está viviendo. 

En el legado del 25S no hay vencedores pero sí millones de vencidos. La marca España, tan aludida por Mariano Rajoy y sus ministros en los últimos meses, se desploma no sólo por la incertidumbre financiera sino por la crisis social y espectáculos violentos de este tipo donde las autoridades son partícipes. Ante el momento que nos ha tocado vivir, el descontento no puede desaparecer de un día para otro, pero antes de que la fractura social vaya a más, los elegidos hace menos de un año, defensores de la política de las instituciones, son los que deben encauzar la situación, dar el primer paso y ofrecer una respuesta real a las demandas sociales. 

Gobernar mirando a Berlín y Bruselas pero estando de espaldas a los ciudadanos, no hace sino incrementar la desazón e impotencia. El problema de este país ya no es sólo económico y la solución pasa por la transigencia y el entendimiento entre política y sociedad. El escaso nivel político que demuestran sus señorías hace difícil que se retome la cordura y la coherencia pero la altura de miras y la honestidad pública –más allá de las siglas y los colores- son ahora necesarios para evitar un auténtico estallido social que será difícil de anular a base de golpes y porrazos.
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Internautas 1, Gobierno 0: la 'Ley Sinde' se atasca en el Congreso

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La ‘Ley Sinde’ ha sufrido un duro revés que se ha gestado en apenas 24 horas. Ayer, era previsible la aprobación del proyecto de Ley de Economía Sostenible. Pero la negativa primero del PNV y luego de CiU han dado la vuelta a un despropósito legislativo. Pero la victoria sólo es parcial, ahora queda el trámite del Senado, donde se podría volver a presentar la disparatada disposición final segunda.

La movilización en la Red contra la ‘Ley Sinde’ ha dado resultado. La Comisión de Economía del Congreso de los Diputados ha rechazado por 20 votos en contra y 18 a favor, la disposición final segunda que contemplaba el cierre de webs con contenidos con derechos sin autorización de los autores. Una medida que, desde que se dio a conocer a finales del pasado año, suscitó una gran polémica en la Red.

La misma que se ha generado en estos días cuando se conoció que el proyecto de Ley sería votado en una comisión parlamentaria y no en el pleno. Una burda estrategia con la que el Gobierno quería acallar el debate y sacar adelante la ley a todas luces. Al igual que la brillante idea de introducirla en un conjunto legislativo que, según el Ejecutivo, pretende cambiar el modelo productivo del país. Es ilógico introducir una regulación de un tema tan complejo como la propiedad intelectual en Internet como una disposición final de una vasta ley. Una clara intención de silenciar la medida y aprobarla casi sin ruido.

Lo de hoy ha sido un ejercicio de mesura contra la histeria de un Gobierno que ha comprobado que no puede legislar este asunto a las espaldas de la sociedad. Primero en PNV y después CiU han plantado al PSOE que, en su desesperación, ha buscado al PP para aprobar la ley. Pero de nada ha servido. Cada grupo ha rechazado la ‘Ley Sinde’ por diferentes motivos –sobre todo electoralistas- pero lo cierto es que el Gobierno se ha quedado solo en la defensa de la ley. Una soledad motivada por el poco consenso con el que contaba la medida y por la dejadez del Ejecutivo, que ha dejado durante casi un año el proyecto de ley en el baúl de los recuerdos para rescatarlo en el último momento y buscar apoyos a la desesperada.

Pero la ‘Ley Sinde’ no ha desaparecido ni mucho menos. Ahora, la LES pasa al Senado, que se reúne en pleno el 18 de enero. Allí, es de esperar que el grupo parlamentario socialista impulse enmiendas parciales con el contenido de la disposición final segunda que, en este caso, habría que ver si cuenta con el apoyo de algunos de los socios gubernamentales. Pero si no existen enmiendas a la totalidad- que obligaría al texto a volver al Congreso- y las enmiendas parciales –donde previsiblemente se incluirá el contenido de la ‘Ley Sinde’- salen aprobadas, la Ley Sinde podría resultar aprobada en el Senado. Una hipotética maniobra que, no obstante, cuenta con un inconveniente: la Cámara Alta es mayoritariamente popular y, después de su aprobación en el Senado, tendría que volver al Congreso donde podría ser tumbada de nuevo.

A partir de ahora comienza una nueva negociación. Pero el primer trámite ha resultado un duro golpe al Gobierno. Es un aviso de que la presión social aún tiene efectos en la esfera política. Detrás de toda la oposición al Proyecto de Ley no hay una campaña por preservar el “todo gratis” en Internet – aunque algunos sectores sí respalden esto- sino una intención de que el Estado no interfiera en la libertad del internauta de acceder a los contenidos que desee.

Los derechos de propiedad intelectual son necesarios pero no la existencia forzosa de un modelo de negocio caduco que imposibilita a las sociedades de gestión alcanzar los beneficios que hasta ahora venían consiguiendo. Un debate muy complejo que no puede taparse y aprobarse a espaldas de los usuarios de Internet. Aquí está la prueba. Tomen nota, esta es la verdadera revolución digital.
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